Casa Parroquial
CASA PARROQUIAL
En la calle Luis Muñoz Rivera, hacia el lado este de la Iglesia San Isidro Labrador, luce espléndida la Casa Parroquial. La estructura se distingue por el juego de catorce imponentes columnas toscanas de fuste liso, arregladas en siete parejas para realzar el frente del primer nivel a la misma vez que sostienen el segundo nivel de esta residencia eclesiástica. Unas lámparas colgantes ocupan el espacio entre las columnas y alumbran la fachada en las noches. Las escalinatas de losa italiana y balaustres de hierro forjado con motivos variados conducen a la ancha puerta principal estilo Viejo San Juan de madera a dos hojas con celosías y cristal enmarcado dentro de un rectángulo, en la parte más superior. Dos pilastras toscanas flanquean la puerta con sus capiteles decorados por azulejos en los que están pintados los santos patrones de Sabana Grande: a la izquierda, San Isidro Labrador y a la derecha, Santa María de la Cabeza. Sobre el dintel de la puerta, una cornisa de líneas puras corre de lado a otro hasta fundirse con las pilastras. Seis ventanas estilo Viejo San Juan de madera a dos hojas e igual diseño a la puerta principal, adornan la fachada del primer nivel. Alféizares de líneas sobrias coronan estas ventanas. Al extremo derecho, unas escaleras laterales suben a la puerta de la Oficina Parroquial.
En el segundo nivel, un ancho balcón volado corre por todo el frente de la estructura. Este balcón está cubierto sólo en el centro por un pórtico con cornisa y arquitrabe, sostenido por tres columnas toscanas iguales a las anteriores. Rejas de hierro forjado y motivos idénticos a los de los balaustres en las escalinatas del primer nivel, delimitan los márgenes de dicho balcón. Un arco de medio punto y estriado, acentúa la puerta estilo Viejo San Juan de madera a dos hojas con celosías y cristales en la fachada de este nivel. Este arco encierra al sol trunco que corona el dintel de la puerta. El mismo cae sobre dos pilastras toscanas adornadas por una fina cornisa y arreglo rectangular. Dos ventanas de madera a dos hojas e idénticas en su estilo a las del primer nivel, flanquean la puerta del segundo nivel. Le siguen a la izquierda dos ventanas pequeñas de madera a dos hojas sin cristal y luego una ventana similar a las que flanquean la puerta. A la derecha, le acompañan una ventana pequeña de madera a dos hojas cin cristal y luego dos ventanas iguales a las que flanquean la puerta. Aquí el balance y la simetría de la fachada se rompen, pues no se sigue el rítmico patrón a ambos lados, un error que transgrede la armonía en el diseño neoclásico. Finalmente, una cornisa de línea recta remata la fachada frontal de la casa, a la altura de la cornisa de la iglesia.
En el lado norte, tres ventanas estilo Viejo San Juan de madera a dos hojas y cristal, coronadas por un alféizar cada una, aderezan el segundo nivel. Una ventana de madera de cuatro hojas individuales, seguidas de tres ventanas de madera de una sola hoja –todas coronadas de un alféizar- constituye el lado norte del primer piso. En ambas fachadas laterales un sistema de ménsulas sostiene decorativamente los bordes del techo que sobresalen de la estructura, imitando el mismo etilo de ménsulas que rodean las fachadas norte y sur de la Iglesia San Isidro Labrador.
Como último detalle tiene una puerta de madera a dos hojas, similar a la de la Oficina Parroquial, acentuada por una moldura rectangular y un alféizar, que conecta la oficina con el atrio norte de la iglesia.
En el interior de la residencia parroquial, se aprecia una hermosa capilla privada para los presbíteros. Esta capilla, aunque pequeña inspira la paz y la tranquilidad para orar. “La misma posee un retablo sencillo de mármol recortado del que había en el templo desde 1968 hasta los mil novecientos noventas.” (Padre Caro, 6 de abril de 2006). Un espléndido y opulento sagrario de oro preside la capilla. “Este sagrario era el que se exponía los Jueves Santos. Un sacerdote dijo una vez que este sagrario llegó de San Germán. Este pueblo era muy pobre y no tenía recursos para sufragar los costos de un sagrario como este.” (Padre Caro, 6 de mayo de 2006). “Entre los años 1833 y 1841 la Iglesia de San Germán de Auxerre estuvo en reconstrucción y muchas de sus pertenencias fueron movidas a otros templos en las cercanías. Seguramente para esa fecha llegó a Sabana Grande este sagrario junto con una preciosa custodia de oro para llevar al hombro que su Majestad el rey Don Carlos III había regalado a San Germán.” (Dr. Luis J. Torres Oliver, 13 de abril de 2006).
“La casa parroquial se inauguró el domingo 15 de junio de 1997, siendo obispo de la Diócesis de Mayagüez el Monseñor Ulises Aurelio Casiano y párroco de Sabana Grande el P. Héctor Rivera. La construcción fue dirigida por el ingeniero Charlie Vega con intervención del Instituto de Cultura Puertorriqueña.” (Padre Caro, 29 de diciembre de 2005). “Tony Rodríguez realizó su trabajo como alarife, caló el sol trunco e hizo el molde para las columnas dóricas dejándose llevar por el estilo de las del interior en el Templo Parroquial y Adam Vega fungió como carpintero.” (Monseñor Rivera, 25 de enero de 2006). El edificio goza de ciertos elementos neoclásicos, en especial las columnas toscanas, que tratan de dar continuidad al estilo de la iglesia en la construcción de la casa parroquial. Sin embargo, el intento de seguir el estilo neoclásico de la Iglesia no se logró en su totalidad ya que la asimetría rompió el balance al que aspira toda estructura neoclásica. Hay que destacar que el estilo que impera en esta residencia es uno bien arraigado a los rasgos del ya denominado Viejo San Juan con influencias neoclásicas del siglo XIX.
“Anterior a esta residencia parroquial, existía una muy deteriorada. Era la peor de la Diócesis. Nunca se planificó desde un principio. Sólo se añadía y añadía pedazos, según la necesidad y las capacidades, por lo que no existía una estructura coherente. Primeramente, arriba de la sacristía estaba un cuartito para el sacerdote. Luego le añadieron un pedazo para una cocina, salita y comedor. Posteriormente, se construyeron dos cuartos en los altos. Finalmente, se añadió una oficina, un balconcito y un salón parroquial. Ya era hora de construir una casa parroquial planificada.” (Monseñor Rivera, 25 de enero de 2006).
Por: Luis Enrique IV Santaliz Ruiz
