Historia del Templo
La Iglesia San Isidro Labrador pintada de amarillo ocre se levanta sobre unas escalinatas en la Plaza Busigó de Sabana Grande. Dos columnas toscanas blancas con fuste liso y éntasis flanquean la puerta de entrada a cada lado en la fachada principal orientada al oeste. Estas columnas sostienen un arquitrabe y un frontón coronado de cornisas blancas. Un pequeño y exquisito vitral en un quatrefoil, con la imagen de nuestro santo patrón San Isidro, da vida a la fachada. Sobre el frontón se erige la torre del “reloj que se trajo directamente desde Francia y se instaló el 4 de agosto de 1864. (Carrera, “Exclusividades Históricas de Sabana Grande”). Posterior a la torre se encuentra el campanario donde se repican las campanas en cada celebración eucarística y se doblan con tono solemne durante los funerales.
En los lados norte y sur se encuentran las fachadas laterales con dos lisas pilastras toscanas sobrepuestas una a la otra a cada lado de las puertas, mientras que un tímpano ciego corona los dinteles de las mismas.
En el interior seis columnas toscanas y arcos apuntados delimitan la nave central de techo abovedado en madera, al estilo de la quilla de un barco negrero. Esta nave abovedada conduce al retablo y el altar en la capilla mayor. Un arco de medio punto devela el bellísimo retablo de madera y pan de oro ornamentado con cuatro columnas corintias que flanquean los santos patrones del pueblo de Sabana Grande: San Isidro Labrador y su esposa Santa María de la Cabeza. Un hermoso entablamento se sobremonta a las columnas y exhibe un exquisito friso con cierto grado de abstracción en su relieve. Sólo descifro algunas de las figuras al relieve que repiten la silueta del pequeño quatrefoil en la fachada oeste. “Orginalmente en el centro del retablo una cortina pintada al óleo flanqueaba el manifestador y frente al mismo posaba un pequeño Crucifijo del Círculo de los Espada.” (Vidal, 1994). Hoy día no existen las cortinas pintadas y el Crucifijo no está en su lugar. En el frontón del retablo preside humildemente la imagen sentada de la Virgen de Belén en una hornacina destacada por un arco de medio punto que, como piedra angular, tiene una concha de almeja esculpida en madera de cedro revestida de pan de oro. Esta hermosa joya escultórica de influencia neoclásica luce grandiosa bajo la cúpula con linterna y sobre pechinas en el ábside.
“Don Tiburcio Espada, natural de la Villa de San Germán y quien fue encuadernador, tornero y escultor autodidacta realizó el retablo de la iglesia católica de Sabana Grande e imágenes de los altares en las iglesias de San Germán, Yauco, Peñuelas y San Sebastián del Pepino.” (Valentín, 1993). “De hecho, todavía hoy conservamos originales las cuatro columnas y las imágenes de los santos patrones del retablo de Don Tiburcio.” (B. Sanabria, 23 de octubre de 2005). “Varios documentos del Archivo Histórico Parroquial de San Germán confirman a Tiburcio de la Espada como autor del retablo sabaneño entre finales de la década de 1840 y principios de la de 1850, muy cercano a su muerte en el año de 1852.” .(Vidal, 1994). El retablo actual es una reproducción bastante fiel y una integración de las piezas salvadas del original de Don Tiburcio. En esta tarea colaboraron el arquitecto Carlos J. Ralat, los restauradores Don Ángel D. Santiago y Doña Beatriz Nazario de Sanabria, los auxiliares de restauración Don Carlos Sanabria y Don José Torres Roberty, el albañil Adam Vega, el alarife y carpintero Tony Rodríguez, los ayudantes de carpintería Julio Cruz hijo y Joel Linares, los ebanistas Don Eustaquio González y Don Ángel González y el director del proyecto Don Rafael David Valentín. (Valentín, 1993).
“Los santos patrones de San Isidro Labrador y Santa María de la Cabeza se le atribuyen al padre de Tiburcio, Don Felipe de la Espada, debido a que fue el único escultor del área en aquella época y, además, por el parecido de estas imágenes con los rasgos de la Virgen de Belén, la cual ha sido oficialmente documentada como obra suya. Estos santos aparecen en inventario desde 1808 en Sabana Grande, según evidencia en el Libro Primero Parroquial de 1808. Es posible que Don Felipe se inspirara en una estampilla de la litografía española de estos santos patrones realizada por J. M. Matéu en el siglo XIX. La Virgen de Belén fue comisionada a Don Felipe en 1813 por Su Excelencia el Obispo de Puerto Rico Don Juan Alejo de Arizmendi, cerca a la fecha del 16 de diciembre de ese mismo año cuando por primera vez el prelado visitaba a Sabana Grande. La imagen costó unos 120 pesos españoles, que se efectuaron en dos plazos a favor del escultor sangermeño: uno de 64 pesos y otro de 56 pesos. Don Luis Nazario de Figueroa, vecino de Sabana Grande, donó esta imagen además de otros 280 pesos para el ornato de la parroquia. Dicha imagen fue reubicada sobre una repisa junto al arranque de la escalera interior de la antigua casa parroquial cuando en el verano de 1968 se quitó el retablo de don Tiburcio y se instaló uno de mármol.” (Vidal, 1994).
En la década de 1990, fecha en que se reconstruyó el antiguo retablo, la mencionada imagen recobró su importancia original en la hornacina del retablo. “Hoy día la Virgen de Belén carece de la figura original del Niño Jesús, pero exhibe uno muy pequeño de otro escultor.” (Vidal, 1994). “Dicen que un feligrés fuera de sus cabales arrebató al Niño de las manos de la Virgen y lo hizo añicos.”(Padre Caro, 6 de abril de 2006). Sin embargo, ese no fue el primer retablo que tuvo nuestra iglesia. “El libro primero de cuentas de la misma parroquia nos entera de la existencia allí, en 1808, de un altar mayor de mampostería con frontal de madera pintado. Pocos años después, en el inventario de 1813, figura igualmente un retablo pintado y recortado a la medida del espacio disponible, ya que con suma posibilidad había sido desmantelado de otra iglesia y para aprovecharlo se trajo a la nuestra. Además de la mesa de mampostería y el retablo recortado y pintado, había un sagrario de talla con cerradura y llave de plata, un manifestador dorado, las dos imágenes de los Patrones San Isidro Labrador y Santa María de la Cabeza en sus repisas de madera pintadas, un frontal y un atril de madera pintados, un crucifijo de media vara de alto, una piedra de ara y cuatro candeleros pequeños de metal.” (Vidal, 154).
“Originalmente el techo y las vigas de las naves laterales eran de madera.” (Padre Caro, 15 de octubre de 2005). “Las filtraciones por la porosidad de los ladrillos y el temblor del 8 de diciembre de 1875 debilitaron las vigas a tal grado que el ayuntamiento municipal ordenó el cierre del templo.” (Irizarry, “Lo que sucedió en Sabana Grande en 1880”). Ya para enero de 1858, el Ingeniero José Tejada había sido enterado de las goteras de agua que se filtraban del techo de las naves y este señor había recomendado lo siguiente: “Debe extenderse una capa de 3 pulgadas de espesor formada como se expresará después, raspando preliminarmente el actual piso para que se establezca la debida adherencia a la superficie de la azotea de 450 varas cuadradas.” (Jefatura de Obras Públicas de la Isla de Puerto Rico, años 1858-1861). No es hasta el 19 de febrero de 1861 cuando aprueban la órden para esta obra, según dicta la evidencia de La Jefatura de Obras Públicas de la Isla de Puerto Rico en el registro número 1585, legajo número 31:
“Debo manifestarle a V. E. en contestación a su oficio del 16 del actual relativo a
las reparaciones aprobadas para la Iglesia de Sabana Grande, que hoy se dan las órdenes a la Inspectoría del Distrito para que el Capitán de Ingenieros Don
Joaquín Montesoro, residente en Mayagüez, se encargue de dicha obra… Puerto Rico 19 de febrero de 1861. El Inspector del Distrito Occidental.” (Jefatura de Obras Públicas de la Isla de Puerto Rico,años 1858 –1861).
El Arquitecto del Estado Don Patricio de Bolomburu en el Proyecto de las obras necesarias para la reparación de la Iglesia de Sabana Grande: Memorias comentó que en 1881 hubo una reparación de los techos y las vigas de la parroquia. Así lo expresa el 19 de junio de 1897: “Desde el año 1881 que se arreglaron los techos, cambiando algunas vigas de las azoteas, sólo se han hecho en esta Iglesia, pequeñas reparaciones para conservar sus fábricas, que al parecer están en general en buen estado…” (Patricio de Bolomburu, 1897). Muy probablemente en aquel entonces, sólo se repararon las vigas en mal estado y se remplazaron por nuevas de madera. En el año de 1897 la Iglesia de Sabana Grande recibe seguramente la última intervención de reparaciones a manos del Gobierno Español. Patricio de Bolomburu para ese año en los documentos de su proyecto enumeró detalladamente las reparaciones que se hicieron en la iglesia:
“revoque parcial de muros, sustitución de pavimentos de las naves, presbiterio y
sacristías, reparación parcial de la solería de azoteas y bóveda, pavimento de tabloncillo para el coro, cielo raso con tabla para las naves laterales y construcción de una persiana y dos mamparas de madera para evitar la entrada y anidaje de voladores y murciélagos, pintura al óleo sobre maderas, pintura a la cal para toda la Iglesia, colocación de bajadas de agua, reparación de la cubierta de la nave central y reparación de puertas.” (Patricio de Bolomburu, 1897).
Todas estas obras las sometió a consideración el Arquitecto de Estado Patricio de Bolomburu junto con el Ingeniero Jefe Guadalfajara el día 19 de de junio de 1897 y ya para el día 24 de agosto de 1897 fueron aprobadas a efectuarse. Las mismas ascendieron a un costo presupuestado de 3,451 pesos españoles con 2 centavos. Toda esta información se desprende del documento Proyecto de las obras necesarias para la reparación de la Iglesia de Sabana Grande escrito por el entonces Arquitecto del Estado y examinado por Guadalfajara.
Las losas negras y blancas a manera de tablero de ajedrez que ennoblecen el piso de la iglesia no son originales de la época en que se construyó nuestro templo en el siglo XIX. En un principio unas baldosas de ladrillo pavimentaban el suelo de tierra. Con el pasar de los años, los desniveles del suelo agrietaron muchas baldosas y otras desaparecieron, a tal grado que económica y prácticamente se resolvió cubriendo la tierra con hormigón y encima colocando las losas. Así lo planteó Patricio de Bolomburu:
“…el piso de todas las naves requiere inmediata sustitución porque están rotas y
faltan muchas de las baldosas de ladrillo que le forman… La principal obra que se
proyecta, es la sustitución de todo el pavimento, que se cambia por otro de loseta
catalana blanca y negra, material que se ha elegido, teniendo en cuenta sus buenas
condiciones, ya acreditadas en los edificios de esta índole donde se ha empleado,
y su precio relativamente económico.” (Patricio de Bolomburu, 1897).
Según los apuntes y cálculos del Arquitecto de Estado, se utilizaron unos 365.90 metros cuadrados del pavimento de loseta catalana blanca y negra para las naves y el presbiterio a un costo de 3 pesos 90 centavos por unidad, para un total de 1,427 pesos 1 centavo; mientras que emplearon unos 40.70 metros cuadrados de pavimento de loseta catalana blanca y roja para el piso de las sacristías a un costo de 3 pesos 60 centavos por unidad, para un total de 146 pesos 52 centavos.
Para el año 1935, un comité de feligreses dirigió una reconstrucción del templo con la ayuda de contribuciones populares y el auspicio del obispado. Entre los miembros del comité figuraban señores como Don José Antonio Castillo, Don Gorgonio Yunqué Sepúlveda y otros tantos que ya sus nombres se han desvanecido de la inscripción en el peldaño de la puerta principal que conmemora dicha gesta. Es muy acertado pensar que entre las reparaciones que la iglesia sufrió ese año, pudiera destacarse la sustitución de las naves laterales de madera por las de hormigón que todavía hoy conserva.
Las escalinatas majestuosas que arracan desde la plaza mayor de Sabana Grande y elevan en podio a la Iglesia San Isidro Labrador, originalmente eran del ancho de la puerta principal. El 1 de septiembre de 1934, Don José A. Busigó donó el ensanchamiento de las mismas a la medida de hoy, según inscribe una placa grabada en las escalinatas.
Para la década de 1990 la estructura de la iglesia sufrió varias reparaciones y repintado de paredes para mantener su estado original. Tan reciente como a finales del 2006 se comenzó a instalar el acondicionador de aire en la iglesia, de manera que las misas puedan celebrarse en un ambiente aclimatado y agradable.
“La edificación de la parroquia es la más antigua del pueblo de Sabana Grande, todavía en pie. Su fecha de construcción no se ha podido precisar. Sin embargo, el dibujo paisajista realizado en 1822 por el naturalista francés Augusto Plèe muestra la iglesia entre el vecindario de casas.” (Lugo Negrón, 48). Con esta fecha en mente y el artículo “La Fundación de Sabana Grande” de Don Aurelio Tió en el que nos evidencia que ya para 1808 Sabana Grande constituía una parroquia, se deduce que la estructura de la Iglesia San Isidro Labrador tuvo origen en algún momento entre los años de 1808 y 1822.
El uso del arco de medio punto, columnas toscanas, frontón, arquitrabe, cúpula con linterna, nave abovedada y escalinatas definen la arquitectura neoclásica que caracteriza la construcción de esta iglesia de planta basilical modificada, pues su ábside es cuadrado en vez de semicircular como en Europa, sin clerestorio y ni la diferencia propia entre la altura de las naves laterales y la central.
Por: Luis Enrique IV Santaliz Ruiz
Dibujo de Sabana Grande por Augusto Plèe (1787-1825) realizados en su estadía en Puerto Rico del 1821-1823.

