DOMINGO XVII DEL TIEMPO ORDINARIO

sábado 24 y domingo 25 de julio de 2010

Primera lectura:  Génesis 18,20-32

Salmo responsorial:   Salmo 137

Cuando te invoqué, Señor, me escuchaste.

Te doy gracias, Señor, de todo corazón;

delante de los ángeles tañeré para ti, me postraré hacia tu santuario.

Daré gracias a tu nombre, por tu misericordia y tu lealtad.

Cuando te invoqué, me escuchaste, acreciste el valor en mi alma.

El Señor es sublime, se fija en el humilde, y de lejos conoce al soberbio.

Cuando camino entre peligros, me conservas la vida; extiendes tu brazo contra la ira de mi enemigo.

Y tu derecha me salva. El Señor completará sus favores conmigo:

Señor, tu misericordia es eterna, no abandones la obra de tus manos.


Lectura de la carta del apóstol san Pablo

a los Colosenses 2,12-14

Hermanos:

Por el bautismo fuisteis sepultados con Cristo, y habéis resucitado con él, porque habéis creído en la fuerza de Dios que lo resucitó de entre los muertos.

Estabais muertos por vuestros pecados, porque no estabais circuncidados; pero Dios os dio vida en él, perdonándoos todos los pecados.

Borró el protocolo que nos condena con sus cláusulas y era contrario a nosotros de en medio, clavándolo en la cruz.


Aleluya Rm 8,15bc

Habéis recibido un espíritu de hijo adoptivos,

que nos hace gritar: «¡Abba!, Padre.»


Lectura del santo evangelio según san Lucas

11,1-13

Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo:

—«Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos.»

Él les dijo:

—«Cuando oréis decid: “Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino, danos cada día nuestro pan del mañana, perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe algo, y no nos dejes caer en la tentación.”»

Y les dijo:

—«Si alguno de vosotros tiene un amigo, y viene durante la medianoche para decirle:

“Amigo, préstame tres panes, pues uno de mis amigos ha venido de viaje y no tengo nada que ofrecerle.”

Y, desde dentro, el otro le responde:

“No me molestes; la puerta está cerrada; mis niños y yo estamos acostados; no puedo levantarme para dártelos.”

Si el otro insiste llamando, yo os digo que, si no se levanta y se los da por ser amigo suyo, al menos por la importunidad se levantará y le dará cuanto necesite.

Pues así os digo a vosotros:

Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá; porque quien pide recibe, quien busca halla, y al que llama se le abre.

¿Qué padre entre vosotros, cuando el hijo le pide pan, le dará una piedra?

¿O si le pide un pez, le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión?

Si vosotros, pues, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo piden?»